Cómo hablar con un adolescente sin discutir (y que te escuche)

Cuando se habla de la adolescencia muchas veces parece que hablamos de seres de otra galaxia y es que en muchos casos es así como se sienten por cómo los tratamos.

Y es que la adolescencia…¡no es fácil! Sino piensa en la tuya: los cambios hormonales hacen que tengas un humor diferente cada día, las relaciones personales se complican y en general, se produce la llamada “búsqueda de la identidad”, es decir, responder a la pregunta de quién eres. Si a eso le añadimos que pasas de tener 4 responsabilidades a tener unas cuantas más ya que “ya eres mayor para…”

¿Recuerdas esa frase que te decían tus padres? A mi todavía me chirría.

Bueno pues si a todo eso le añadimos unos padres con lo que implica esa etapa, los asuntos de la edad, la sobreresponsabilidad de algunos y la escasez de ella en otros y la gestión emocional que mucha veces se va por la ventana, tenemos una perfecta mezcla explosiva.

Por ello, con este post te daré algunas claves para que la comunicación con tu hijo/a adolescente mejore.

¡Vamos allá!

 

Adolescentes vs padres: una comunicación positiva es posible

Cuando hablamos de comunicación nos solemos centrar en el mensaje pero olvidamos el componente emocional cuando las emociones son parte de nosotras/os. Y ahí está la clave y dónde vamos a poner el foco, en las emociones que suscitan ciertas cosas:

? Puntualizar

Nuestra intención es indicar que es lo que se debe hacer y lo que no esperando que el menor lo haga, ¿problema? Que genera un deseo enorme de querer transgredir las reglas.

Si algo destaca la adolescencia es la rebeldía y es que el adolescente quiere decidir cómo es el mundo, no como nosotros y nosotras lo vemos.

Esto también pasa cuando sermoneamos a los menores, de nuevo creemos que nuestra verdad es “la única”. En esa etapa no buscan una verdad única, buscan la suya.

?Recriminar

Básicamente lo que se hace al recriminar es generar la emoción de la culpa en el menor.

Cuando no genera esta emoción se produce rabia y rechazo y ambas, anulan la culpa. Además de que aparece un deseo de escaparse o de atacar. Recuerda que le estás acusando y por lo general…atacamos.

?Victimismo

Más que una forma comunicativa es un rol, un papel. Cuando los padres entran en este rol lo que tratan es de influenciar al adolescente a que corrija aquellos comportamientos que le han generado malestar en la familia.

¡Cuidado! Tu hija o hijo puede tomar el otro rol, el de verdugo y si me permites darte otro consejo…una víctima siempre busca un verdugo y un verdugo, una víctima.

?Frases del tipo “te lo dije” o “déjalo, ya lo hago yo”

Estoy seguuuura de que te acabas de acordar de algún momento así con tus padres y no de adolescente sino de adulto porque los padres, siguen diciendo ese tipo de frases.

Cuando le decimos a alguien “te lo dije” no solo le recordamos que se ha equivocado porque no nos ha hecho caso, sino porque genera la sensación de que no le hemos escuchado o no e hemos dado importancia a su opinión.

En cambio cuando le decimos “déjalo, ya lo hago yo”, a nivel emocional se recibe el mensaje “déjame que tu no eres capaz”.

?Reprochar

El efecto que produce en el menor es de insatisfacción y de sentimiento de incapacidad de conseguir los objetivos adecuados, genera mucha inseguridad.

Con todo ello, no significa que no puedes volver a utilizar esas fórmulas a la hora de comunicarte con tu hija o tu hijo sino que entiendas por qué cuando lo haces genera lo que genera en él o ella. Eso es lo que llamamos empatizar:

Nosotras/os no podemos negar su realidad pero si podemos ayudarles a descubrir otro modo de verla, de esa forma se sentirán entendidas y acompañados.

 

Hablar de las emociones (las suyas y las nuestras) 

No quiero terminar este post sin darte este último consejo: hablale de tus emociones. Poner nombre a lo que sentimos, explicar en primera persona si estamos contentos, enfadadas o emocionados así como quécosas nos hacen sentir bien y mal permitirá no solo que te sientas mejor sino que ellos tomen ejemplo y sean capaces de comunicarnos como se sienten.

Recuerda, eres REFERENTE y generas ADMIRACIÓN, aunque todavía no te lo creas.

 

 Tengo un juego para ti y tu familia, para que comencéis a compartir vuestras emociones. Se llama el juego de la rosa y la espina: cada miembro de la familia debe explicar, por ejemplo aprovechando la cena, cuál ha sido su rosa (el momento más agradable del día) y su espina (el momento menos agradable).

 

Este juego permite escuchar y compartir experiencias emocionales en familia, que pueden ser muy enriquecedoras para todos/as y que podrían pasar inadvertidas sino se pusieran en común.

Y recuerda, confía en ti.

 

 

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